
No se puede mirar al cielo con la boca abierta, y esperar a que los cuatro puntos cardinales se unan al unísono de un grito de auxilio, ni mucho menos a que las cuatro estaciones del año, cumplan los supuestos registros meteorológicos que la ciencia les tiene adjudicados. Acostumbrados a mediar entre cuatro reglas básicas de matemáticas: sumas días, restas lágrimas y multiplicas sonrisas pero siempre divides tus mejores momentos, normalmente en las cuatro partes que compone un día: dulces mañanas, soleados mediodías, cálidas tardes y naranjas los ocasos... Y yo, que me alimento de los cuatro elementos: Del fuego de tus ojos, del aire que te sobra, del agua que no bebes y de la tierra que me brindas para plantar la raiz que me une a la vida... A pesar de los pesares; Te amé, te amo y te amaré



